El Pueblo merece a Maduro
Date: Wed, 27 Feb 2013 03:01:45 +0000
Por: Aníbal Romero
Este artículo fue publicado en el diario "El Nacional" de Caracas, el 27FEB13.
En medio de la incertidumbre que existe en Venezuela, políticos y
comentaristas de oposición enfatizan que "el pueblo merece conocer la
verdad" acerca de la situación de Hugo Chávez. Es posible que cuando
estas líneas sean publicadas ya esa verdad, cualquiera que sea, haya
sido anunciada por los voceros del régimen. No obstante, ello no afecta
la sustancia de lo que plantearé.
El punto es simple: Pienso que el pueblo, entendiendo por tal a la masa
empobrecida que ha sostenido a Chávez durante catorce años de oprobio,
no valora el peso de la verdad y por lo tanto no "merece la verdad". Es
más, lo que merece, luego de votar reiteradamente por un personaje ruin y
funesto como Chávez, y de avalar las tropelías, abusos y mentiras,
aparte de la crueldad contra Franklin Brito, Iván Simonovis y María
Afiuni, entre miles de otros, lo que merece ese pueblo -repito-es a
Maduro y Cabello. Al fin y al cabo estos sujetos representan la
continuidad de lo que el pueblo ha respaldado durante años de decadencia
y dolor.
Aborrezco la cultura de la victimización que recorre el mundo y acá se
traduce en ese tratamiento complaciente e hipócrita, que tanto gobierno
como oposición asumen hacia la mayoría empobrecida y dependiente.
Semejante actitud pone de manifiesto menosprecio hacia la gente, el
deseo de manipularles y hacerles servir los propósitos de poder y engaño
de los inescrupulosos que hunden al país.
Lo que en Venezuela se hace es malcriar al pueblo, profundizar su
sujeción a las dádivas del gobierno, alentar sus peores rasgos y
suprimir los anhelos de superación personal que quizás todavía albergan
en sus corazones. La revolución "bolivariana" ha estimulado la pereza,
la indisciplina, el irrespeto a las normas, la irresponsabilidad hacia
los demás y hacia la nación en su conjunto. Pero al coro hipócrita del
régimen se suma, por desgracia, una oposición que multiplica las
promesas, y que en medio de la bancarrota del país a raíz de los
disparates del régimen lo que procura es ofrecer más misiones, más
dádivas y regalos. La competencia populista no cesa.
La revolución creó una ley del trabajo que acaba con el trabajo, una ley
de alquileres que aniquila la vivienda de alquiler, unos controles de
precios que aumentan los precios y la escasez, una política agrícola que
asfixia la producción de alimentos. Han sido catorce años de mentiras,
de gansterismo político y de división deliberada entre los venezolanos,
fomentando el odio y los delirios utópicos.
Me temo que buena parte del pueblo venezolano ha apoyado este horror. Y
como creo que el mérito no es algo que se obtiene de gratis, sino que se
conquista con esfuerzo, perseverancia y dignidad, reitero mi convicción
de que ese pueblo, a menos que cambie, a menos que reflexione y deje de
lado el nefasto realismo mágico bajo el que ha vivido y aparentemente
aspira vivir, no "merece la verdad" (aparte de que seguramente no quiere
saberla). Tampoco merece otra cosa que lo que tenemos y a diario
constatamos: un país en ruinas, del que se van los mejores talentos, que
sólo ofrece a sus jóvenes el destino de contribuir al deterioro y
esterilidad espiritual y material en que nos deslizamos, centrando
nuestras menguantes energías en contener el torbellino destructivo
desatado por un hombre ruin y sus enceguecidos seguidores.
La demagogia y la condescendencia hipócrita están malogrando a las
democracias occidentales. Pero el caso venezolano es singular y
desgarrador. Nos hundimos llevados de la mano depredadora de la Cuba
castrista. ¡Qué vergonzoso destino!
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